Hace días descubrí un video en internet, en el que una monja benedictina que es médico, aconseja a la población no vacunarse de la Gripe A. por una serie de graves malversaciones cometidas no sólo por alguno de los laboratorios farmacéuticos encargados de fabricar las vacunas, sino también por la propia OMS.
Las acusaciones son extremadamente graves pero ella va referenciando una a una de sus afirmaciones, a publicaciones de prestigio internacional en el ámbito de la medicina.
Busqué por diversos medíos de comunicación algún artículo que rebatiese sus comentarios.
Solo a primeros de noviembre el periódico El País acometía el tema con el título ”Desmontando a la monja-bulo“.
Lo asombroso del tema es que el artículo no se dedica a comprobar o ni desmentir los datos que proporciona la monja, si son veraces o no. Ella habla de datos, ofrece referencias e información para que cada cual decida lo que debe de hacer al respecto, en una locución exenta de tacha, con cortesía y respeto. A una altura profesional a la que el propio artículo del El País no llega ni de lejos, quedando en ridículo al limitarse a desautorizar sus comentarios, a pretender dejarla en ridículo y lo que es peor sin comprobar ni una sola de las afirmaciones de la monja.
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